El Caudillo del Sur en Tepoztlán Publicado Julio 22, 2014 por admin

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La lucha que se vive en Tepoztlán, es una lucha que quedará escrita en la historia, porque es justa y digna, que tiene como objetivo principal hacer respetar la democracia en México y darle al municipio su verdadera y real importancia. —Julián Ayala 1995

A un año de la destrucción del campamento El Caudillo del Sur me llegan muchos pensamientos, recuerdos, pero sobre todo parte de la historia de nuestro pueblo. No son dos años de lucha, es la resistencia para defender Monte Castillo, la detención del tren escénico y el club de golf.

Parece que con la lluvia llega la resistencia y la organización. En 2012 el llamado del Tepozteco se hizo presente y se fue extendiendo poco a poco a tod@s aquellos valientes que estuvieran dispuestos a dar la batalla para defender la herencia natural y cultural que nos ha dejado. Como si estuviera escrito en nuestro destino, algunos regresamos al lugar que nos ha visto nacer, otros salimos a dar aviso del nuevo peligro.

Esta vez el monstruo era Xochicalcaltecatl disfrazado de muros y pavimento, queriendo devorar nuestros cerros. Pero ahí estuvieron sus mujeres, jóvenes, niños y adultos, atentos al sonido del teponaztli, sabían que era el inicio de una batalla que no sería fácil porque ahora las herramientas de ataque son la indiferencia, la división y la apatía de los propios pobladores. Para contrarrestar, las armas han sido la creatividad y el arte; con cada mural, con cada película, con cada encuentro de pueblos, nos percatamos que no éramos los únicos. En cada rincón del país y del mundo hay gente creando conciencia contra la imposición de los gobiernos, de todos aquellos que quieren acabar con nuestra Madre Tierra.

A dos años de lucha les cuento que cuando escuché de este proyecto, sentí que mi sangre revolucionaria se encendía, pero al mismo tiempo era un llamado de mis abuelos, de mi padre diciéndome que no me podía quedar de brazos cruzados mirando cómo derribaban nuestros cerros, los que en algún momento también defendieron. Tenía miedo, pero encontré amigos y señoras valientes que me han enseñado que si estamos juntos nadie podrá destruir nuestro pueblo.

Recuerdo la primera vez que llegamos al lugar del campamento… ellas como siempre hasta el frente, era una tarde en donde el sol estaba radiante, el Yohualtepetl a nuestra espalda como si nos vigilara, como si nos alentara a poner los cimientos. Una sorpresa nos aguardaba, en medio de un paisaje seco el Maguey nos veía sonriendo.  Llegó un día más,  acarreamos los costales de arena, los muros, las láminas, todos y todas estuvimos ahí hasta las nueve de la noche, justo cuando la luna nos sonreía.

Después, la siembra, los talleres de plantas medicinales, las guardias, las visitas inesperadas de los cacomixtles, a pesar de tener la serpiente a un costado, cuando estaba ahí era un espacio tranquilo, perfecto para preguntarse ¿por qué esta vez la gente no sale a pelear como antes?, ¿por  qué quieren destruir esta belleza?, ¿por qué sólo piensan en el dinero?, ¿por qué otra vez Tepoz?… mi respuesta, sólo quiero que dejen seguir viviendo mis cerros, sólo quiero conservar y seguir sintiendo la paz que me transmite el paisaje, sólo quiero que un día Tepoz deje de ser carne de cañón, no quiero que lo sigan saqueando, sólo eso quiero.

Después de seis meses, llegó el día en que nos enfrentamos a las máquinas, a los granaderos, a la violencia, a la terquedad, la ambición, la burla. Cuando me acuerdo se me enchina la piel, me regresa la impotencia, se me hace un nudo en la garganta, vuelven las lágrimas, pero también me dan ganas de salir y gritar a los demás que volvería a estar al frente una y otra vez. Que cada golpe que recibimos, que cada árbol, cada mazorca que tiraron, nos ha dado la fuerza para seguir avanzando. Destruyeron lo material, pero eso sólo sirvió para darnos cuenta que somos fuertes, que podemos caer una y mil veces con tal de defender Tepoz. La herida sigue presente, duele, y duele mucho cuando me acuerdo del Maguey que vimos crecer, pero así como él mostró ser un guerrero, nosotros seguiremos hasta el último momento.

No ha sido fácil, pero en medio de tanto espacio sombrío también hemos tenido alegrías, convivios, música, y hasta nos hemos reído, he disfrutado de Tepoz como nunca lo había hecho. He aprendido que sus mujeres y hombres tienen muchas historias valiosas por contar; hemos puesto en práctica los valores que caracterizan a los pueblos: la reciprocidad, la solidaridad, somos una gran familia, ya no importa si es Frente Juvenil o Frente en Defensa, somos uno mismo defendiendo y haciendo que se escuche el eco del pueblo tepozteco.

También he puesto atención en cada paso que doy por los cerros, ésos que desde las alturas te abrazan con su paisaje, disfruto de la conexión que sólo los que hemos estado ahí podemos sentir. Admiro a cada uno de los que me han mostrado que dejan su vida por ir a apagar los incendios, por estar al frente de las máquinas o de los granaderos.

Sólo me resta decir que las y los admiro, los respeto infinitamente. A pesar de “ser unos cuantos hippies, fuereños, ninis” seguimos resistiendo contra un gran imperio capitalista. Nos quieren lavar el cerebro, pero nosotros estamos despertando y defenderemos la tierra que nos ha visto nacer, crecer y morir. Porque es el espacio donde han quedado miles de corazones guerreros, espíritus y almas revolucionarias.

No sólo es ir contra la autopista, es la defensa de los valores de nuestra tierra, de nuestras tradiciones y costumbres, es por nuestra propia dignidad.  Seguiremos siendo Ninis porque “Ni nos rendimos, Ni dejamos de luchar, Ni de pensar en el futuro de Tepoztlán”.

¡Exigimos respeto por los cerros!
¡Hoy más que nunca que se escuche el eco del pueblo tepozteco!
¡Desde lo más profundo de mi corazón digo TEPOZTLÁN NO SE VENDE, SE AMA, SE CUIDA Y SE DEFIENDE!
¡GRACIAS POR DEFENDER TEPOZTLÁN COMO LO HAN HECHO!

Saben que estoy con ustedes en alma y espíritu

¡saludos de La Tía!

Yohualtepetl desde el campamento

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